EUROPA
EN BLANCO Y ROJO
JOSÉ
LUÍS DE LA FUENTE
Las fotografías de la serie “Independencias” creada por el artista Miguel Ángel García entre
2009 y 2011 parten de las imágenes reales de las veintisiete capitales de la Unión Europea tomadas desde atalayas simbólicas de sus respectivas culturas. Algunas son de orden religioso, como la catedral vienesa de San Esteban,
o militar, como la torre Gediminas, el icono más conocido de Vilnius. Otras son guardianes de la memoria cotidiana como el hotel Rodina de Sofía, de la cultura oficial, como el Palacio de
las Ciencias de Varsovia, o
del devenir histórico, en el caso del monumento romano a Vittorio
Emanuele II.
Estos hitos arquitectónicos cumplen un papel esencial en la creación del proyecto, situándolo en el ámbito de la memoria compartida y del símbolo identitario. Pero el exhaustivo trabajo de investigación y documentación que
Miguel Ángel García llevó a cabo en la fase inicial del proyecto cede, en un momento dado, el sitio a la apropiación artística. En ese punto de formalización plástica, la intervención sobre la fotografía pone en juego las contradicciones del concepto de independencia en el escenario sociopolítico europeo, empeñado en obtener las máximas ventajas de la unidad política de los diversos países del continente, al tiempo que no desea renunciar a las identidades culturales diferenciadas.
Tomaré de nuevo el habitual paralelismo entre la ciudad y el palimpsesto, el fenómeno textual de economía y reposición, para explicar cómo el artista interviene sobre las fotos utilizando unos recursos voluntariamente limitados: los colores blanco y rojo, que actúan en sentidos opuestos.
El
color blanco solariza las escenas urbanas, haciendo desaparecer las particularidades, envolviendo las construcciones en un halo
de ensoñación. Por el contrario,
el color rojo, rescata detalles de la arquitectura y la infraestructura urbanas como chimeneas, claraboyas, mansardas o antenas parabólicas. No es un asunto intrascendente destacar ahora que, por encima de la suma de los individuos, la ciudad
es el resultado de un esfuerzo común por satisfacer de
forma conjunta nuestras necesidades materiales y espirituales: el calor, la luz,
el aire, la comunicación,
la protección.
El trabajo se cierra con presentaciones animadas en vídeo a modo de conclusión, con la acumulación paulatina –casi de forma inapreciable– de todas las ciudades en dos imágenes de síntesis, de superposición, cuyo resultado final también forma parte de la serie, dos fotografías de gran formato, donde los estratos se acumulan y confunden. Surge, nuevamente, la idea de la ciudad europea como escenario cambiante, apasionado y vital, en el que cabe la afirmación de la independencia personal y la inclusión de todos. En este sentido,
hay que destacar el apoyo de las Instituciones Europeas al arte y la cultura a través de diversos programas, facilitando la difusión de proyectos que, como el actual, contribuyen a un mejor conocimiento de la variedad de propuestas que conviven en el espacio europeo.
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